domingo, 19 de abril de 2009

POR QUE CREE EN DIOS LA BURGUESIA – PAUL LAFARGUE

Unas de las primeras entradas de este blog estuvo dedicada al libro de Lafargue “El derecho a la Pereza” http://unaposiblelectura.blogspot.com/2008/10/el-derecho-la-pereza-paul-lafargue.html; en ella compartí una pequeña introducción a la vida de este autor, con lo cual pasaré a la promesa entonces hecha de escribir unas líneas sobre “Por qué cree en Dios la Burguesía”.  Lafargue trabaja con argumentos que comienzan a analizarse en la época acerca del nacimiento de la Burguesía y los Estados nacionales. De una manera sencilla y al calor político, escribe en 1895 lo que Weber viene “pensando” y que expondrá en el brillante ensayo acerca de “la Ética protestante y el espíritu del Capitalismo” http://es.wikipedia.org/wiki/La_%C3%A9tica_protestante_y_el_esp%C3%ADritu_del_capitalismo Es decir, la relación que tiene la clase dominante con la religión, específicamente con el cristianismo.
Nuestro libro tienen tres capítulos, el primero refiere “por qué cree en Dios la burguesía” donde desarrolla sus argumentos, el segundo es “El ideal socialista” donde analiza y propone qué es el socialismo y su función en la sociedad, y el último capítulo se llama “Recuerdos personales sobre Carlos Marx” donde cuenta su relación con él y las experiencias vividas. Pero comencemos por el principio.
Lafargue retoma las ideas expuestas por los libre –pensadores (cita él a Berthelot y a Haeckel) acerca de la oposición que manifiestan contra la iglesia católica para plantear que, mas allá de las palabras, la burguesía como clase no puede desembarazarse del pensamiento religioso. Sostiene que el cristianismo es por excelencia la religión de las sociedades basadas en la propiedad privada y la explotación de los trabajadores. Incluso durante la revolución francesa, donde se “prohibió la idea Dios” suplantándola por la de razón, una vez pasados los primeros tiempos los clérigos reaparecieron para seguir con su misión. No solo ello, sino que los hombres de ciencia no lograron ni logran librarse de la idea de Dios ante la imposibilidad de explicar determinados fenómenos. Por oposición, Lafargue observa que el sentimiento religioso es indiferente al proletariado industrial del momento. Toma como ejemplo una encuesta religiosa que se hizo entre los obreros de Londres y cita “la masa del pueblo no profesa ninguna suerte de religión y no siente ningún interés por las ceremonias de culto (…) Ha llegado a no considerar las iglesias sino como los sitios de reunión de los que tienen fortuna”(1985:13). Lafargue y otros tantos pensadores de lo social parecen ver aquí un espacio de emancipación de las creencias religiosas en pos del desarrollo de la voluntad de cambio y liberación. Desde la distancia, podemos pensar que conociendo a la sociedad de esa época y el estado de explotación en el que se encontraban las clases obreras no había espacio para considerar la idea de Dios ni para práctica religiosa que la sustentara.
Sin embargo, le resta a Lafargue explicar por qué el cristianismo es la religión de la burguesía. Y para hacerlo, no puede evitar hacer gala de dos cosas: sus personalísimo carisma y su sencillez oportuna para explicarlo todo. Lafargue es risueño pero no deja de sorprender. Uno de los primeros argumentos que expone, indica que el Cristianismo desde los primeros siglos fue la religión de las multitudes mendicantes, por tanto la burguesía en tanto clase parasitaria no puede ser menos que cristiana y ejemplifica (lo cito porque es genial) “Jesús, en el sermón de la montaña, ha expuesto magistralmente ese carácter, al formular el ‘Padre Nuestro’, la plegaria que cada fiel debe dirigir a Dios para pedirle su ‘pan cotidiano’, en lugar de pedirle trabajo” (1985:23) Bueno, creo que fue claro… y así sigue con ejemplos bíblicos que se pueden apilar de a montones. Mas allá del jocoso ejemplo, Lafargue relaciona analíticamente esta creencia en Dios con la aparición de la noción de patria como idea unificadora que crea “religiones” por países para favorecer los intereses de la clase en el poder. en ambos casos la burguesía profesa “su compromiso” pero a su vez subvierte los valores para sacar provecho, pues resulta imposible conciliar la riqueza de algunos debida a la suerte o sencillamente a su maldad con la idea de la justicia de Dios.
Pero no quiero explayarme tanto en esto para que no se pierda la riqueza de la lectura del libro. El último capítulo, referido a su relación con Marx, nos muestra a ambos en tanto hombres que viven “una vida cotidiana” como todos. Cuenta cómo lo conoció y llegó a estrechar una relación con él. Y sobre todo rescata muchas de sus enseñanzas a través de la maestría de Marx en conjugar la ciencia sin alejarse del compromiso social. Nos muestra un Marx que era un ávido lector, un hombre que casi no descansaba debido a todas sus actividades y al amor con el que cuidaba a su familia.
Para finalizar considero que este libro se lee con gusto, no solo nos brinda análisis social sino que nos permite dimensionar los hechos históricos. Quizás, uno puede aprender lo mismo en libros de teorías pero Lafargue conjuga todo y estos son los escritos que nos permiten aprehender con mayor claridad los momentos y procesos históricos en tanto fuente privilegiada.

“El burgués no llama injusticia al acaparamiento de las riquezas creadas por los asalariados; esta explotación es para él la justicia misma; y no puede concebir que Dios o no importa quien, tenga sobre este asunto otra opinión. Sin embargo, él no cree que se viola la justicia eterna cuando se reconoce a los obreros la legitimidad de sus deseos a mejorar sus condiciones de vida y de trabajo; pero como él sabe pertinentemente que esas mejoras deberán ser realizadas a sus expensas, calcula que es de una sana política prometerle una vida futura, donde vivirán entre placeres, como los burgueses” (1985: 37)

Paul Lafargue, “Por qué cree en Dios la burguesía”, Editorial Leviatán, Buenos Aires, 1985[1895]

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domingo, 15 de marzo de 2009

PUBIS ANGELICAL – Manuel Puig

La pura verdad es que no he leído libro de Manuel Puig que no me haya fascinado, ya sea por su trama, por sus giros inesperados o por lo maravilloso de sus historias. Hace ya unos cuantos años leí el Beso de la Mujer Araña y literalmente me desveló, sumado a la fortuna que tuve de terminar de leerlo en Nueva York que es el lugar donde transcurre la historia. En otra entrada retomaré este libro junto a mis anotaciones del momento. Luego de ello quise más de Puig y así leí Boquitas Pintadas y la Traición de Rita Hayworth. Pasados casi 8 años me reencontré con Puig este verano buscando novelas de autores Argentinos o Latinoamericanos para gozar de una lectura distendida. Al ver Pubis Angelical supe que se vendría conmigo, era inevitable que se tuviera presente las sensaciones de los libros anteriores. 
Pubis Angelical narra dos historias en paralelo que tienen puntos de conexión aunque suceden en espacio – tiempo diferentes. Por un lado tenemos a una mujer enferma en una clínica que a través del diálogo con sus visitas o su propio cuaderno de anotaciones recuerda su vida en Buenos Aires. Lo llamativo de esta historia es la conexión con hechos políticos de la Argentina y los debates por más interesantes que se presentan acerca de la realidad político-social del país basados en una clara y contundente exposición de los personajes.De alguna manera, hay puntos de conexión con la vida de Manuel Puig al igual que en toda su obra. Pero sigamos.
 La otra historia comienza allá por los años 30 en Europa Central, pasa a Estados Unidos (Hollywood ¡por supuesto!) y llega al futuro en una especie de historia de ciencia ficción. Este recorrido está algo anclado en lo esotérico o parapsicológico y realmente es atrapante. En ambos casos uno quiere saber mas de los personajes, de las historias, de su continuidad… En todo el libro Puig hace honor a su estilo basado en la vida cotidiana, en los deseos y pensamientos femeninos, en lo popular dicen algunos. Sin embargo, Pubis Angelical tiene una vuelta de tuerca más, uno siente al leerlo que se está perdiendo de algo… que debe repasar algunos puntos, que se está diciendo mucho más que lo leído. Como sea, y sin querer meterme a contar toda la historia, les recomiendo que lo lean…va… les recomiendo que lean a Puig.
Reconozco que no quedé desvelada como en otros casos pero sí disfruté y me dí el gusto de reflexionar bastante sobre los personajes. Por último, les paso algunos links de Manuel Puig que pueden resultarles de interés.http://www.literatura.org/Puig/Puig_por_Piglia.html http://www.manuelpuig.com/

Pero volvamos a las razones de ser de este diario. Un momento, ¿por qué digo volvamos? ¿No estoy sola acaso? ¿o este diario es una excusa para contarle cosas a alguien? ¿A quién puede ser? ¿o es conmigo misma que hablo? ¿Me estoy desdoblando? ¿Qué parte de mí le habla a qué otra parte?La verdad es que me cae gordo, como dicen acá los mexicanos, ese plural. En Argentina diríamos, me cae pesado. Diríamos, otro plural. Me parece que estoy encubriendo algo, mis ganas de hablar con alguien que de veras, lo pienso y lo pienso, no sé quién es. Tal vez papá, si viviera. Mamá no, porque sé perfectamente lo que contestaría a todo. Según ella una mujer tiene problemas porque quiere, porque pretende ser hombre y no mujer.”
Parte I, Capítulo II: 24 Publis Angelical, Editorial Seix Barral, Buenos Aires, 2004

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domingo, 1 de marzo de 2009

EL ORDEN DEL DISCURSO – Michel Foucault

La producción de Focault es innumerable: libros, discursos, seminarios, entrevistas, notas, etc. He leído mucho y muy variado de él (Sin contar La Historia de la Locura en la Época Clásica que empecé hace unos años y todavía no termino) ya que de alguna forma es un autor que tiene mucho que ver con la formación académica de los comunicadores / comunicólogos y demás variantes de nuestra profesión. El Orden del Discurso es un libro chiquito, no excede de 70 suculentas páginas y nace de la lección inaugural que dio nuestro autor en el Collège de France en el año 1970, momento en que sustituyó a Jean Hyppolite http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Hyppolite en la cátedra de historia de los sistemas de pensamiento. La primera conclusión es que cuando la gente sabe y piensa mucho puede hacer de una lección un libro… ¿quién no quisiera lograr eso?
En esta presentación Foucault expone su plan de estudio y esboza una hipótesis acerca de cómo funciona el discurso en la sociedad, a la vez que devela alguno de sus mecanismos. De alguna manera, Foucault se encuentra aquí con la noción de poder, tan ausente en trabajos anteriores; las formas del discurso tienen límites y esos límites son impuestos por las sociedades. Parece subyacer en su pensamiento un momento fundante del discurso, es decir, no todo lo dicho me precede, en la medida en que lo pasible de ser dicho es determinado por cada momento histórico. Como él lo explica, hay un deseo de no entrar en el orden azaroso del discurso, deseo de tener en el discurso un elemento pasible y transparente para lo cual aparece la institución que nos transmite la idea de que el discurso está en el orden de las leyes.
Pero volvamos a la hipótesis central: para Foucault en cada sociedad la producción de discurso está “controlada, seleccionada y redistribuida”(2005:14) por determinados procedimientos que permiten reducir el acontecimiento aleatorio. Y señala tres procedimientos de exclusión que forman una red que se modifica y adapta constantemente: lo prohibido, lo separado/rechazado, lo verdadero/falso, a lo que agrega una serie de procedimientos internos como lo dicho o el comentario. No quisiera ponerme aquí a explicitar el funcionamiento de cada uno de estos sistemas porque perdería gracia leer el libro, pero sí me interesa rescatar que de solo pensar estas tres operaciones podemos comprender y analizar ciertas opacidades del discurso de la política, de la locura o de las ciencias mismas. Para aprehender esto hay que tener en claro qué entiende Foucault por discurso: “… no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse” (2005:15) Todo aquel que quiera poder o que quiera mantener el poder pretenderá adueñarse del discurso; ser la única voz transmitida y escuchada, creará su propia cosmovisión con pretensión de verdad tratando de anular/esconder/separar cualquiera otra mirada. En este delicado equilibrio es que se debe saber adaptar “la malla” de contención para incorporar al discurso del poder incluso miradas opositoras resignificadas (aquí me permito una pequeña digresión hacía un autor muy diferente pero que ayuda a entender el poder de la palabra y su funcionamiento en el discurso político que es Ernesto Laclau http://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Laclau , ya dedicaré entradas a sus libros)
¿Para qué nos sirve todo lo anterior? Para andar por la vida un poco más cautos sería la primera conjetura. Si puedo entender que cuando miro un debate sobre temas como la escuela, los hospitales o la situación del campo que tan de moda está en Argentina, existe en cada argumento una pretensión de verdad que trata de dar por falsa la postura del otro, que ambos discursos tratan de anularse como sistemas excluyentes, que estos discursos no son transparentes sino que tienen trasfondos que no conocemos, entonces podremos tener un poco más claro dónde estamos parados para
tratar de ver ambas miradas y sacar alguna conclusión más válida que el solo hecho de estar de un bando u otro. Este es un ejemplo muy cotidiano pero creo que el peso de la palabra comienza por aquí y no por los grandes sistemas filosóficos. Entender el poder del discurso es brindarnos una herramienta poderosa para encarar nuestras vidas y por tanto nuestras sociedades.

“Es necesario concebir el discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas, en todo caso como una práctica que les imponemos; es en esta práctica donde los acontecimientos del discurso encuentran el principio de su regularidad” (2005:53)

Michel Foucault “El orden del discurso”
Tusquets Editores, Argentina, 2005
(Traducción de Alberto González Troyano, 1973)

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viernes, 20 de febrero de 2009

DE ROBESPIERRE AL CHE GUEVARA. Las revoluciones en la historia. Erick Durschmied

La tapa misma y presentación de este libro, que ya tiene un título muy importante, se plantea cómo y por qué fueron posibles las revoluciones y quiénes las desencadenaron. Nuestro autor, es un periodista que fue corresponsal de guerra para la BBC y CBS durante las principales crisis del siglo XX: Vietnam, Irán, Irak, Beirut, Cuba, etc. Por tanto el libro tiene una mirada y narración de estilo periodístico. Cada uno de los capítulos lleva unas 50 páginas promedio que comienzan en la Francia de 1792 y pasan por la revolución del Tirol en 1809, México 1910, Rusia 1917, Alemania 1919 y 1944, Japón 1945, Cuba 1967 e Irak 1979. 
La primera pregunta que se me ocurrió al leer el índice es qué concepto de revolución manejó Durschmied, ya que poner bajo la misma denominación a la revolución Francesa y la ascensión de Hitler al poder suena al menos aventurado. La dimisión de Hiroito en Japón y los hechos de Cuba o de la Alemania de Rosa Luxemburgo parecen ser momentos históricos con pocos puntos en común entre sí como para compartir la palabra revolución, de lo contrario ¿dónde queda el concepto de contrarrevolución? ¿Y el de reaccionismo? 
Más allá de mis dudas previas sobre los capítulos, tomé mi nuevo regalo de “Papa Noel” para leerlo inmediatamente, por la sencilla razón del gran interés histórico que suscitan estos hechos. Y debo decir que cada momento narrado no dejó de sorprenderme (por no decir alarmarme). Durschmied recrea y cita personajes con la misma facilidad con que no aclara (siquiera en una nota al pie) cuáles fueron sus fuentes. Por tanto, hay momentos en que no sabemos si leemos una novela histórica, un libro de cuentos o un libro de historia. 
Con tan ambicioso título uno puede pretender debelar ciertos hilos de los hechos que condujeron a las “revoluciones” pero el autor parece menos interesado en eso y se focaliza puntualmente en dos aspectos: la debilidad de quienes estaban al poder y fueron derrocados; y la malicia de los revolucionarios que aprovecharon a tomar el poder. Capítulo a capítulo encontramos con que Luis XVI era un inepto que no tuvo la determinación de ahogar los focos revolucionarios con sangre para proteger a Francia; por supuesto su contrapartida era Robespierre o Danton, personajes siniestros que solo procuraron asesinar gente. O que el Sha de Irán le tenía miedo al derramamiento de sangre y por eso dejó avanzar la revolución, o que Castro era una descocado que le gustaba jugar a la guerra y por eso emprendió la revolución en Cuba siendo Bastista un dictador que prefirió huir antes que combatir. 
Y así todos los hechos pasan trazados por la misma línea de pensamiento. Durschmied parece más focalizado en tratar de determinar lo malo que fueron para el mundo estos hechos, culpando groseramente a quienes no “hicieron nada” por evitarlo; los sucesos parecían ser evitables con que tan solo el emperador, rey o sha movieran un dedo… pero todos fueron débiles e incompetentes. Las fuerzas de la historia, la miseria de los pueblos, las atrocidades cometidas por quienes estaban en el poder parecen no tener lugar preponderante en este acercamiento a las revoluciones.
Tamaña mirada sesgada habilita a argumentos incomprensibles, ingenuos y, me permito decirlo, dañinos. Para citar algunos ejemplos: “Los discípulos de Castro no eran de izquierdas ni de derecha, simplemente eran latinos”, “Gran parte de la preocupación de sus gigantesco vecino a solo 90 millas de distancia era que (Castro) en lugar de dar un ejemplo a las naciones latinoamericanas de una libertad independiente…” (Sobre. Rev. Cubana, la cursiva es del autor) Me pregunto yo, ¿qué es ser latino en relación a cuestiones ideológicas y desde cuando US se preocupó por las democracias de Latinoamérica fomentando estados independientes? A lo que justamente luego pone como ejemplo “el único experimento en socialismo latino, el Chile de Allende, acabó en fracaso”. La última joya refiere a la revolución de Komeini en Irán: “Los ingenuos occidentales creen que en todas partes del mundo la gente es básicamente igual y que todos se comportan de la misma forma racional” (la cursiva es mía)
Y lo último para no dejar pasar, tiene relación con la clara postura de nuestro autor. Todos sabemos que cualquier libro sobre historia tiene pretensión de verdad, también sabemos que hay métodos de investigación para atenuar la mirada personal, al menos tratando de exponer ambas caras de la moneda. Durschmied no tuvo ningún tipo de conflicto con esto y claramente arroja adjetivos como si estuviera hablando de moda: “los resueltos radicales musulmanes o los insidiosos marxistas” (Sobre Iran: 257) “Siempre estos malditos rojos, dijo el káiser” (Sobre Alemania 1919:148) “Siguiéndole la corriente al soviet de los trabajadores, en su mente burguesa –la de Kerensky- una desagradable gentuza que olía a ajo y eructaba svovoda” (sobre Rusia: 110)
Llegados al último párrafo tenemos que pensar que todo libro nos aporta algo. En mi caso particular me sirvió para repasar algunos hechos, para dedicarme con ahínco a escudriñar que había detrás de todo lo que nuestro autor no nos quiso contar y para adentrarme en algunos casos como el de Irán, Japón y México que desconocía prácticamente. No voy a poner más citas ni voy a ponerme a contra-argumentar o a dar por más validos algunos argumentos u otros. La última reflexión que me permito es que no importa cuanta literatura improvisada ande circulando en las librerías, sino la capacidad de duda crítica  e investigación que tengamos nosotros para permitirnos un pensamiento lo más independiente posible.

  “El tirol fue una tierra donde cada cabaña se convirtió en una fortaleza, cada granjero en un guerrillero, cada hospedero y sacerdote en comandante. Dieron caza a sus enemigos de la misma manera en que cazaban furtivamente sus cabras montesas: con sigilo y desde lo cubierto. Los veteranos de Austerlitz y Eylau nunca entendieron la manera de luchar de los tiroleses; una y otra vez cargaban con brillantes bayonetas contra hombres que les tiraban piedras desde lo alto de los acantilados. Andreas Hofer fue un caudillo inspirado y temeroso de Dios, leal solamente a su emperador y a su patria”. 13 de agosto de 1809:71.
De Robespierre al che Guevara. Las revoluciones en la historia. Robin Book,Barcelona, 2008

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domingo, 25 de enero de 2009

CUENTOS DE ESPANTOS Y APARECIDOS – Coedición Latinoamericana

Este librito sencillo y de menos de cien páginas puede proporcionar mucho placer y gracia durante su lectura. Fue un hermoso regalo que ya lleva bastante tiempo conmigo, mas precisamente en el año 1993 llegó a mis manos, cuando tenía unos 16 años y estaba muy entusiasmada leyendo materiales de leyendas y cuentos populares. Digamos que capturan mi atención estas historias misteriosas que afirman tener testigos.

La riqueza de estos cuentos radica en esta mezcla de folclore latinoamericano (un poco nativo, un poco afro) que se fue sumando a los tradicionales relatos de brujas y aparecidos europeos. Curiosamente, tanto en Europa como en Latinoamérica muchas de estas historias siguen vivas y son tan relatadas como dadas por ciertas. El misterio de la muerte y el temor a lo desconocido han alimentado y, lo siguen haciendo, numerosas leyendas que tratan de dar alguna luz sobre un mundo impreciso y mágico.

 “Cuentos de espantos y aparecidos” nos presenta once historias acompañas cada una con su dibujo. Las ilustraciones son tan sencillas como bellísimas y representativas. Los cuentos fueron seleccionados por país respetando el registro más original de la historia. Así nos encontramos con duendes que seducen a niñas cantando coplas como el sombrerero de Guatemala, espíritus que defienden la naturaleza y castigan a quien la daña como la marimonda colombiana o barcos embrujados que navegan sin encontrar puerto como el Caleuche en Chile.Cada relato es agradable a la lectura e interesante; nos permite de alguna manera reencontrarnos con la tradición oral de cada región y nos deja esa cuota de misterio que nos invita a investigar un poco más.

En particular disfruté muchísimo de este libro. Me permitió aprender o fijar algunos datos sobre los protagonistas ya que,  si bien alguna vez mi madre o abuela me relató alguno, desde ya la oralidad trae consigo cierta contaminación de lugares y personajes. Más allá del goce de su lectura es gratificante darse cinco minutos para tratar de pensar el mensaje que transmiten ciertas historias. Adoro el cuento de la Marimonda y a él voy a dedicar mi cita. Pero antes del final, me permito algún consejo: creo que ya sea para lectura recreativa o para entretenerse en algún análisis los cuentos tradicionales de toda Latinoamérica merecen su atención.

  “(…) Jacinto sintió un escalofrío que le corría por la espalda. Se acordó entonces del Runcho Rincón. Hacía mucho tiempo ya que este hombre tumbaba árboles de la cabecera del río, allá arriba en el monte. Cuando los campesinos se dieron cuenta, le preguntaron por qué lo hacía y él explicó que unos señores del aserrío le pagaban por cada árbol cortado. Serafín, el hombre más viejo del pueblo, le advirtió - Mirá, Runcho, no te metás a dañar el monte. Eso es peligroso, puede venir la marimonda (…)”
Cuentos de espantos y aparecidos. Coedición latinoamericana (CERLALC – Unesco). Editorial Plus Ultra, 1984.

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domingo, 11 de enero de 2009

CARNAVAL EM MADUREIRA - Tarsila Do Amaral


Amaral, Tarsila do Carnaval em Madureira , 1924 óleo sobre tela, c.i.d. 76 x 63 cm
Me costó mucho encarar una descripción de este cuadro, porque es muy difícil mirarlo en el detalle: se nos presenta como un conjunto de imágenes y colores en su totalidad, se ve y se aprecia desde el todo y es ardua la tarea de meterse en sus partes. Además, verán en la descripción que se me cuelan los adjetivos ¡no pude evitarlo!
La copia del cuadro la tengo desde hace años, cuando un compañero de la oficina me la envió. El año pasado, cuando el MALBA presentó una muestra de Tarsila vino a mi mente de nuevo. Por un tiempo tuve la foto del cuadro en el MSN y fue curiosa la cantidad de reacciones que provocó: algunos me preguntaban si la forma más grande que aparecía era una “A”, otros se preguntaban si era la Torre Eiffel pero esto generaba discusión porque no tenía sentido verla inserta en un paisaje de Brasil. Sin embargo es así, “Carnaval em Madureira” forma parte de la segunda etapa de la pintura de Tarsila do Amaral. Etapa provocada por sus viajes a Europa y su contacto con el modernismo y el cubismo. Tarsila nunca se alejó del paisaje de Brasil y en esta obra plasmó de alguna manera esta mezcla de París con Río de Janeiro y su carnaval. Antes de pasar a la descripción del cuadro y ya aclaradas las dificultades que me trajo, les sugiero que entren a la página de una de las más grandes artistas de Brasil, sus cuadros me resultan exquisitos. http://www.tarsiladoamaral.com.br/
El cielo es claro, casi blanco con apenas alguna pincelada celeste que nos indica que es el cielo justamente. Hasta la punta del cielo llega la torre, con banderas de colores en naranja, blanco y rojo que coronan su cúspide/visor de tonos verdes y naranjas. La forma de la cima es extraña, como una cueva o quizás algún faro de vieja arquitectura, ahora pienso que podría ser la punta de un morro; no parece parte de la torre. Del costado del visor hay algo que se sostiene, no sé por qué me hace pensar en los teleféricos que te suben al Pão de Açúcar en Rio de Janeiro, aunque la forma que nos presenta Tarsila es más bien de una especie de globo “chato”.
También llegan al cielo las montañas redondas y verdes acompañadas de una especie de montaña hecha de bloques de piedras cual piedra movediza de Tandil. Sobre el cielo también tenemos la única palmera que nos regala el cuadro: con tres hojas verdes y su tronco marrón, bellísima. Desde el costado de la palmera y sobre las mismas montañas ya aparecen las casas, de techo a dos aguas o cuadradas, de costado y de frente, con banderas algunas… cada hogar tiene colores que les dan calidez; efectivamente las gentes que circulan por esta pintura viven ahí, hay relación entre sus figuras y las casas, entre sus vidas y sus hogares. Vaya manera romántica de representar las favelas, se hace un paisaje hermoso y generoso.
Sobre el pie de la torre, aparecen las personas. Noto ahora que excepto por los niños todas son mujeres. De piel oscura, algunas llevan sombreros, pañuelos o canastas sobre sus cabezas que siempre están de perfil; son altas y bajas, gordas y delgadas pero todas estilizadas. Sus vestidos de colores únicos en naranja, verde, amarillo y celeste forman sus cuerpos en movimiento. Llama mi atención la mujer negra alta, altísima y delgada, tanto que sobrepasa el primer nivel de la torre. Es bella y es la única que tiene collares colgando y que no lleva vestido, sino blusa y pollera. A su costado derecho hay cuatro niños y un perro con capa de tres colores. Y a su izquierda aparece como una especie de carroza con niños y una mujer.
Todo está montado sobre un piso verde en los costados, pero es la playa, vemos arena y agua sobre el borde bajo de la pintura. Las banderas y los círculos de colores que rodean la torre nos dicen que es carnaval. El cuadro, nos transmite alegría sin dejar de ver la realidad del Brasil más pobre, el Brasil que quiere transmitir su autora: sencillo, natural, exuberante y armonioso.
A todos los interesados en artistas, obras e historia del arte los invito a mi canal de youtube https://www.youtube.com/user/aldirh01 ¡Los espero!

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domingo, 28 de diciembre de 2008

FAUSTO - Estanislao del Campo – Ilustraciones de Florencio Molina Campos

Creo además que el Fausto de Estanislao del Campo es generoso para una lectura colectiva. Todos más o menos sabemos la historia del gaucho conocido como “Pollo” que relata la función de teatro que vió con tanta gracia y confusión. Estanislao del Campo ha hecho una historia brillante con una hermosa aproximación al gaucho. Molina Campos ha sido maestro en reproducir la vida del gaucho con imágenes traídas en muchos casos de recuerdos de la niñez. Ambos fueron personas de ciudad pero con mucha afinidad por la vida de un personaje que en aquella época iba desapareciendo… mejor dicho, mas que desapareciendo fue convirtiéndose en peón. Las ilustraciones son realmente excelentes: vivas, alegres, trasparentes… Para finalizar cito una parte del prólogo:

La entrada de hoy remite más a la experiencia de la lectura que a la historia en sí. Este libro fue no solo un regalo sino además una hermosísima sorpresa. Habíamos ido a una muestra que se hizo sobre Molina Campos en el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina hace unos 2 años de la que salí más fascinada que antes con su obra. En una de las vitrinas había un ejemplar de la primera edición en la que nuestro artista ilustró la obra de Estanislao del Campo en 1941. Imagínense que se me había antojado fascinante leer el Fausto acompañado de ilustraciones que bien le caían al tema (lo debo haber dicho en voz alta) Y bueno, así me llegó de regalo de cumpleaños un librito de la edición especial de 1000 ejemplares -el mío es el 327 :)- que se publicó en el año 2003. 


Libro amplio de tapa gruesa y hojas generosas, que me recuerdan a las publicaciones de cuentos que leía cuando era niña porque me quedaban grandes por todos lados. Ese mismo verano (cumplo años en febrero) partimos de vacaciones para recorrer el norte argentino y decidimos llevar nuestro Fausto criollo para leerlo. Lo mas hermoso fue que lo leímos en voz alta, un rato cada uno, mientras mirábamos las ilustraciones. No sé ustedes, pero yo no recordaba la experiencia de la lectura colectiva: la forma en que cambian las percepciones, las distintas disposiciones de atención que se ponen sobre el texto cuando uno relata o escucha… La verdad, fue una experiencia genial. Si alguno se anima, lo invito a que intente una lectura de este tipo, compartida. Se perderán en las primeras páginas pero de a poco la historia te envuelve. 

“Con respecto a nuestro terma, fueron varias las opiniones que dieron algunos de sus críticos: Dice el doctor Julio César Raffo de la Reta: ‘en las ilustraciones del “Fausto” de Estanislao del campo, Molina Campos ha demostrado, como ningún otro artista que haya ilustrado el poema, que él se adentró en los personales, a tal punto que sus cuadros y dibujos los ha realizado según la mente de Laguna, que es el personaje que escucha el relato que su amigo Anastasio el Pollo, hace de la función teatral que ha presenciado’”.

Consejito I : lean el Fausto Criollo, es cortito pero la historia es buenísima. Consejito II: si pueden lean el Fausto Criollo con las Ilustraciones de Molina Campos Consejito III: tómense unos minutos para disfrutar de la obra y trayectoria de Molina Campos. Es sorprendente.

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