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jueves, 28 de noviembre de 2019

Robos, expolios y otras anécdotas del ARTE VIAJERO - Federico Garcia Serrano

¿Es un libro para los amantes del arte? Sí
¿Es un libro para aquellos que gustan de historias novelescas? Sí
¿Es un libro para aquellos que quieren saber de la vida de algunas obras? Sí
¿Es un libro para entretenerse? Sí

Pero por sobre todo es un libro para curiosos tanto de la historia, como de la sociedad, la política o la vida privada con condimento detectivesco.  
Arte Viajero propone un recorrido por muy variadas piezas que tuvieron un "paseo ajetreado" hasta llegar a las manos privadas o públicas donde están hoy. No se centra tanto en un análisis iconográfico  de la pintura, escultura o joya sino en el motivo de su encargo, su manipulación, depósito o exhibición. Claro está que la parte de "manipulación" tiene mucho de jugoso: robos, disputas, desapariciones, reapariciones, atentados, guerras, pérdidas y viajes interminables que a lo largo de la historia de cada obra nos terminan "paseando" por la deriva de la humanidad. Así,  junto a la Venus del Espejo, por ejemplo, recorremos diferentes épocas, modelos  y gustos sociales o movimientos políticos.

En términos generales me pareció un trabajo muy bueno y novedoso. Despierta la curiosidad, entusiasma y aporta una redacción atractiva. Hay cuidado en variar temas y abarcar distintas obras y períodos. A ello suma el aporte de datos bien concretos y líneas cronológicas que facilitan la comprensión. Sin embargo, hay algo de dispersión en la temática que por momentos se ajusta  muy poco a la propuesta del libro, como el capítulo "George Sand y Chopin" o el apartado sobre Vang Gogh en el "Viñedo Rojo" donde no se aprecia ese nexo con la deriva o nada mas allá de lo habitual de la época. Mismo caso "El beso" de Rodin; por suerte hay gran valor en lo narrado pero se diluye el acento del arte viajero.

Fue interesante  y revelador el caso de "La Peregrina"; angustiosa y dramática la historia de "La Venus del espejo"... "Nastagio degli Onesti" de Botticelli y la leyenda que narra  para mí es apasionante y tengo debilidad por esta obra 😍 y el destaque por sobre todos: "Retrato del Duque de Wellington" que es simplemente ¡desopilante!
No quiero olvidar que el apartado sobre Sorolla  resultó  muy grato. No habla de un caso puntual sino mas bien de su biografía; Joaquin Sorolla  pasó mucho de su vida en viaje en pos de su producción artística dando paso al internacionalismo.

Finalmente, debo decir que tengo la suerte de contar con gente que me quiere y me regala cosas así 😊 
Y para los interesados en el arte los invito a mi canal de youtube donde analizo obras e historias  https://www.youtube.com/user/aldirh01 

La yapa: todos vimos este bonete en Glasgow no? 

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lunes, 29 de julio de 2019

RUBENS - Gilles Néret

 "En el clasicismo, existen grados que representan a la perfección los órdenes de los capiteles griegos y a los cuales puede hacerse referencia para definir mejor la excepcionalidad del arte de Rubens. El orden dórico representa el clasicismo estricto, la solidez y la virilidad. El orden jónico se suaviza y afemina gracias a sus dos curvas, que se asemejan a los rizos de una cabellera. Por último, el orden corintio se rebela contra el rigor, sus hojas de acanto surgen, festonean y retozan en torno a  estructuras geométricas sin llegar jamas a abolirlas. Rubens es, sin duda, un clásico corintio." G.N.

Hoy les propongo compartir un libro con un formato un tanto diferente a lo que suelo consumir.  Es que, si uno gusta de indagar en grandes maestros de la historia del arte, se topa con Rubens y con la editorial Taschen.
Pedro Pablo Rubens (1577-1640) fue uno de los primeros maestros que estudié seriamente y  fue un acierto ya que tanto su historia como sus obras se me hicieron irresistibles. Con muy buen tino 😉, luego de mi curso, me regalaron esta publicación sobre él y la verdad es que disfruté mucho recorrer sus páginas. 
El libro es  introductorio a la vida y obra del artista pero no por ello está exento de calidad analítica. Proporciona buenas herramientas para comprender contexto, sociedad, biografía y producción de las obras. Seleccionar, ordenar y exponer esto no debe haber sido trabajo sencillo; Rubens  fue un artista muy prolífico con mas de mil obras catalogadas. Así como en sus cuadros y taller,  su persona tenía una energía envidiable ya que gran parte de su vida estuvo relacionada a la diplomacia y los viajes que ello acarreaba. Vale aclarar que en esta época los artistas solían oficiar de "embajadores" en la medida en que su trabajo en las cortes les permitía un acercamiento mas informal a las monarquías o sus decisores, mas no todos tenían el talento suficiente para llevarlo adelante de manera destacada. 
Sin duda, tanto en su carrera diplomática como pintor lo que resalta a primera vista es el conocimiento extenso y profundo que tenía Rubens tanto de los clásicos como de lo religioso o de cualquier tema que abordara. En particular, las obras mitológicas son de una riqueza representativa y conceptual que te deja maravillado. Estudioso incansable, nunca dejó de copiar y admirar a Tiziano, Tintoretto o Veronés así como influyó en autores como Velázquez o Van Dyck. Su erudición le permitió jugar creando atmósferas alegres, triunfalistas o dramáticas según se lo propusiera con una densidad conceptual superadora.
Definir la obra de Rubens es difícil, creo que es algo que sucede cuando uno tiene delante a un genio. Nos queda corto decir que fue una gran figura del barroco . En sus producciones,  Rubens casi no distingue entre la antigüedad clásica o los personajes religiosos a la hora de abordarlos: una venus bien puede ser la Virgen María. Hay exuberancia en todo: los cuerpos, los paisajes, los cielos, la arquitectura pero no apabulla; como si sus composiciones en espiral tuvieran el movimiento justo, ese instante de la bello. 
Seguro será mucho mejor que lean a Néret en este recorrido que les propone. Por mi parte, les dejo algunas imágenes  de las obras que no dejan de impactarme aunque no fueron las únicas ¡Debo comprometerme en una próxima entrada a contar las historias que representan estos cuadros!
A todos aquellos que estén interesados en cuestiones de arte, sus obras, sus maestros y muchas historias, los invito a mi canal de youtube! https://www.youtube.com/user/aldirh01 

El rapto de las hijas de Leucipo, c1618, Óleo sobre Lienzo. Munich, Alte Pinakothek
                            Link a Video sobre Rubens https://youtu.be/DjvSBlhm0zA 

Prometeo, 1611-18 (Águila pintada por Snyders) Óleo sobre lienzo. Filadelfia, Philadelphia Museum of Art.

Sileno ebrio, 1618-25 Óleo sobre tabla. Munich, Bayerische Staatsgemalde-sammlungen, Alte Pinakothek

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jueves, 9 de noviembre de 2017

LA PINTORA DE LA REINA - Genevieve Chauvel

  • Edhasa -
    ed. (2006) Barcelona
Reconozco que por mucho que uno haya andado estudiando la historia francesa  - de la Revolución de 1789 al menos - y sumado paseos por Versailles o el Louvre por mencionar solo algunos espacios característicos poco sonaba a mis oídos el nombre Elisabeth Vigée Le Brun. 
Ser un artista de cualquier corte europea no era cosa sencilla y, en el caso de los pintores, mas allá de definir lo mas tempranamente posible su orientación (retratista, histórico, religioso, etc) y comenzar a hacer carrera debían pasar estrictos exámenes académicos. Este libro trae consigo toda esa deriva a través de una historia relatada en primera persona por Elisabeth en su "diario íntimo". Así discurre toda su vida con cada entrada de página, desde una linda relación con su padre -también pintor- que se vió truncada por su muerte cuando ella aún era niña, hasta sus ensayos, estudios y persistencia en el campo del retrato donde comenzó a destacar por la impronta poco acartonada que daba a su retratados. Tanto esfuerzo hizo que su fama llegara a oídos de María Antonieta en 1779 que parecía estar desconforme con los cuadros que se hacían de ella. 
Mademoiselle Le Brun relata en su diario, casi con redacción de teenager, la emoción que le provoca ir a palacio y pasar tiempo con María Antonieta a quien adora desde el primer instante.  Ser pintor de la corte trae aparejado encargos por cientos de todos quienes pretendiesen estar a la moda lo cual conlleva una pesada carga de trabajo para una mujer a quien además, se le exige ser madre.  Transcurrieron algunos años entre  intrigas y envidias de palacio que son la parte necesaria del camino hacia la cúspide de su carrera hasta que la Revolución arremete violentamente con su mundo conocido y, una mujer - pintora que jamás había salido de las afueras de París se ve obligada a huir y emprender un viaje que la llevara por Italia y Rusia. Allí relata desde como le proporcionaron un salvoconducto para salir de Francia hasta cómo fue recibida y comenzó a trabajar en el exterior. Su fascinación por el arte de la Italia renacentista es patente y disfruta a cada momento de pasear por sus galerías de arte.

Elisabeth Vigée Le Brun es un personaje histórico de lo mas interesante, mas aún cuando se es mujer y la pintura no es un pasatiempo sino un trabajo rentado que hace al sustento de la familia. En cuanto al libro en sí, como anoté en marzo de este año cuando terminé de leerlo: "me gustó porque me gusta el arte y la historia. Creo que alguien que no tuviera mayores conocimientos de la época histórica se sentiría perdido. Es cierto que se asimila a un diario íntimo pero no lo parece . Es tan pulcro y correcto que hasta suena anodino, ni un infante se presenta tan bueno a sus propios pensamientos. Me quedo aquí con la idea de que la escritora habrá estudiado diarios reales del momento. La lectura es ligera y el tema es muy bueno... pero esperaba otra cosa"
Seguro habré estado ante alguno de sus cuadros y hasta quizás me gustaron pero ahora, post conocimiento de su historia, deseo volver a pasearme por ellos.

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jueves, 5 de octubre de 2017

ROMA Una Historia Cultural. Robert Hughes

Por las manos de un amante de la lectura pasan muchos libros, todos dejan algo: risas, incomprensión, sensaciones y sentimientos, etc. Pero pocos para mí logran "ser queridos"; sí, se puede querer a un libro. Bueno, "ROMA una historia cultural" me resultó un libro querible antes de leerlo y muy preciado en el proceso de lectura. Me regaló no solo aprendizajes sino ideas, notas, puntos de observación e irradió lineas para investigar a futuro en temas relacionados a la historia, arte y cultura de esta ciudad.
Monumental tarea debe haber sido la de Robert Hughes (crítico de arte y cultura fallecido en 2012) para emprender en poco mas de 500 páginas la historia artística y cultural de una ciudad milenaria como esta y que además, tiene todas sus "capas" presentes y mezcladas. Por supuesto, todo comienza con "La Fundación" pero desde allí se van eligiendo caminos que implicaron saltos o destaques en el devenir de la cultura romana:"Augusto" "El imperio tardío" "Paganos contra cristianos" "Roma medieval y Avigñón" "Renacimiento" hasta "Futurismo y Fascismo" y finalmente "Roma recapturada". En total son 12 capítulos pero debo confesar que se disfruta desde el prólogo lo cual no es mínimo detalle. 
Hughes describe y analiza épocas, esculturas, pinturas, música, arquitectura y sus protagonistas desde una mirada que los pone en contacto con el presente: locaciones de entonces versus las actuales o deriva histórica de algunos objetos y personajes hasta el "hoy" en donde puede estar parado él mismo observándolo o cualquiera de nosotros. El lenguaje es prolijo, metódico y asertivo, aparece muchas veces su mirada lo cual lo hace mas interesante. Se permite navegar mas profundo y detallado en los momentos que fueron hitos en la historia del arte y se nota que ya llegado a fines del S. XIX y XX, cuesta traer notas artísticas que hayan aportado o sumado algo a la ciudad frente a otros centros como Nueva York.
Editorial Crítica, 2011. 1er Edición Argentina 2013.
Roma para mí es una ciudad extraña; tiene y expone toneladas de historia ante los ojos del turista pero si no se está preparado pasa desapercibido. Quizás porque no es una "ciudad museo" en el sentido de estar estancada, es decir, allí hay vida continua. Pero lo mismo sucede con Praga o Budapest donde en lo personal sentí todo lo que tenía por delante y decliné a consciencia (por falta de tiempo) algunas cosas. En cambio, Roma se me da como que  simplemente pasa si no estas atento. Si cuento esto, es porque el libro me pareció una guía exquisita para apreciar algunos lugares, para buscar ese pequeño punto donde quedan rastros de arte maravilloso, para darle densidad incluso a lo que parece obvio. De mas está decir que, me prometí armar una mapa con todos las "B" que marqué en el libro a fin de regalarme la oportunidad de volver a Roma y buscar y apreciar alguno de ellos.
Estoy agradecida de que exista este libro.

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domingo, 5 de septiembre de 2010

LA MUERTE DE PABLO ESCOBAR - Fernando Botero

Fernando Botero. La muerte de Pablo Escobar. 1999. Óleo sobre tela. 58 x 38 cm. Sala Donación Fernando Botero.

En cualquier lugar del mundo donde uno esté si hay una producción de Botero, es imposible no identificarlo. Sus clásicas figuras regordetas lo hacen inconfundible. Cuando en el año 2006 se hizo una muestra suya en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, corrí hacia él, no porque estuviera entre mis artistas favoritos. No ha sido un artista que capturara mi atención en absoluto, siempre me pareció muy repetitivo debo decir, pero me daba simple curiosidad ese vuelco que había experimentado en estos últimos años de incorporar en sus cuadros “la realidad” de la sociedad colombiana. “La muerte de Pablo Escobar” tristemente no estaba en la muestra.

Como fuere, hoy en día, por sobre la inmediatez de la comunicación de imágenes, es interesante que haya pintores que se permitan la interpretación artística de ciertos hechos… que nos propongan su mirada. A veces al realismo de la inmediatez no nos da espacio para la reflexión, mirando un cuadro de este tipo, uno se permite pensar algunas variantes.

Los techos de tejas de las casa aparecen oscuros a primera vista, a medida que se alejan se van iluminando por el sol, en color terracota. Las tejas son de estilo español colonial, redondeadas, antiguas con unas pinceladas blancas sobre ella para demarcar la forma. Toda la vista de la ciudad se corresponde con casas, de paredes blancas y ventanas celestes que llegan al pié de la montaña. Se nos cruza una sola chimenea que emana humo, pequeña, casi ínfima respecto del personaje central de la historia.

Atrás, montañas que rodean la ciudad. Verdes, altas y redondeadas, un tanto opacas, como si estuviera anocheciendo. El cielo está cubierto de nubes, denso, en escala de azules que apenas se figuran por algún celeste que demarca algo de luz.

Escobar es enorme, es una figura gigantesca que cubre toda la ciudad desde las alturas. Está descalzo sobre el techo de la casa con chimenea. Sus pies, con los talones apenas levantados dejan una tenue sombra bordó, del mismo color de la sangre que emana de su cuerpo. El pantalón oscuro llega a sus talones y es sostenido por un cinturón que –si no se mirara con precisión- parece una simple cuerda. Lleva una camisa blanca, completamente desabrochada, que deja su pecho descubierto de frente a las balas. Su cara tiene los ojos cerrados, labios rojo intenso y pequeños, bigotes cortos, una tenue barbilla y su pelo castaño acompañando el movimiento del cuerpo. Sus manos completan el gesto de protección de las balas que vienen hacia él.

En su mano derecha Pablo tiene un arma, pero sus dedos están legos del gatillo. Está cayendo herido por una excesiva cantidad de balas que han dado en sus piernas, torso, brazos… y una en la frente, justo arriba de los ojos. Cada punto rojo en su cuerpo es una bala que dio en el blanco. Hay algunas manchas de sangre, pocas en comparación con lo que aparenta su cuerpo dolorido, como si todo hubiera sucedido demasiado rápido.

Hay algo de especial en el tema del cuadro. Lo primero que me viene a la mente es la “lluvia de plomo”, esa que Escobar prometía descargar sobre quienes no aceptaran la contraoferta: “el dinero”. Y así aparentemente sucedía…

No quiero meterme en la historia de la sociedad colombiana, en sus muertes, en su desgarramiento, ni en sus intentos de superación porque siempre temo pecar de ignorancia. Sin embargo, hay algo en la figura de Pablo Escobar Gaviria que proyecta una imagen romántica. Ese tipo amado por los humildes, que construyó barrios, estadios de fútbol y hacía beneficencia a mas no poder. ¿Por qué lo haría? ¿Tendría que ver con sus orígenes o simplemente el afán de su carrera política? La cosa es que muy pocos personajes delictivos de la historia las hacen de Robin Hood y cuando lo hacen, entran en esa especie de limbo que parece contraponer todo el tiempo al diablo y a Dios. Y es que muchos de los mortales ni siquiera acceden a esa categoría.

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domingo, 22 de noviembre de 2009

LE MOULIN DE LA GALETTE – van Gogh

Van Gogh, Vincent Le moulin de la Galette, 1886 óleo sobre papel entelado 61 x 50 cm

Hablábamos con Mariana acerca de sus posibles clases de pintura y de cuáles eran sus pintores favoritos; tomé nota de ello para recomendarle algún libro sobre estos temas que le fuera de interés. Tarea que todavía no he cumplido debido a la gran diversidad de publicaciones y a que muchas de ellas son de excelente calidad. Entre uno y otro artista, surgió el nombre de Van Gogh y recordé que en el nuestro Museo de Bellas Artes de Buenos Aires existe un único cuadro de él: “Le Moulin de la Galette”; sugerí la idea de describirlo para el blog y, Marian, esta parte sí la cumplí. Así, me encaminé hacia allí a sentarme un rato bajo su luz, a describirlo con el mayor detalle posible y a recordar mis caminatas por el barrio de Montmartre donde saqué todas las fotos posibles del Moulin de la Galette que queda en pie.

Me gustó la idea de comenzar a describirlo desde arriba, quizás por la perspectiva del cuadro y por ese cielo inmenso de un preponderante celeste claro. Algunas nubes difusas en color blanco o gris pasan por él. Abajo, hacia el horizonte, hay manchas de color naranja-rojizo, mostrando que el sol anda “por ahí atrás” dando paso a la futura noche. Desde este horizonte, en el límite entre el cielo y la tierra vienen hacia el frente dos faroles de alumbrado público, desdibujados, apenas unos palos de color marrón que parecen evitar la atención de la mirada. Entre ellos se ve un esquema de construcción tipo glorieta en color bordó y verde, con dos manchas que podrían ser dos pájaros. El último y más próximo farol se encuentra a centímetros de una escalera y de una larga mancha color verde-azulado, que parece ser una madera tipo puente al piso.

La escalera que lleva a la entrada del molino se ve precaria, tiene muchos escalones que mirados desde lejos muestran claramente sus huellas de pertenencia a algún árbol. Están dibujados con un color marrón sucio y algo de amarillo que aporta luz. Las barandas son muy finas y se pierden a medida que se acerca la escalera al suelo. Esta última proyecta una sombra gris pero sin mucha forma que muere al comienzo de la pared del molino. Allí donde termina la sombra y al costado del molino hay una pequeña construcción –parece una especie de choza- oscura y sin mayor forma, donde puede verse una entrada o puerta. A su derecha, nace el molino. Se distingue cada tabla de madera que lo compone en color marrón, amarillo y azul, nunca mezclados sino superpuestos, contaminados y opacos. Las maderas de la pared que se nos presenta más próxima sobresalen, pues son más largas que lo necesario para estar unidas a la pared de atrás, como si nadie se hubiese molestado en medirlas.

Sobre la puerta del molino hay una suerte de balcón o mirador rodeado de una baranda mínima y delgada. Subiendo la mirada un poco más, aparece un techo con caídas de agua y una ventana redonda en color blanco. Arriba de este, una pequeña terraza con baranda, dos banderines verdes y un mástil que sirve para soportar el farol y la bandera francesa. Atrás de toda la construcción, se ven partes de dos aspas enormes que “terminan fuera del cuadro” en un color marrón intenso.

Frente a la casa, tenemos una pareja, que lleva marcados sus contornos. La mujer viste de largo y el hombre, que parece llevar un sombrero, viste de azul. Están muy juntos, abrazados y mirando de frente al pintor. Son campesinos, pura sencillez de las formas. El suelo que pisan y sobre el que descansa todo el cuadro parece arenoso, amarillo y gris.

Hasta aquí lo que me muestra el cuadro. Como todo, hay obras más o menos representativas, pero en el caso de Van Gogh, por lo que he podido ver en distintos museos, cada cuadro es muy original en el sentido de los colores y pinceladas. Desde ya quienes saben de esto dividen en períodos, técnicas, corrientes pictóricas y demás lo que uno puede anotar de manera intuitiva. Este cuadro, como otros tantos pintados por Vincent durante el periodo 1886-1887 mientras vivía en París e incluso sobre vistas muy parecidas del moulin Blute Fin y del moulin Radet, tiene su fuerza en la pincelada pero también en el las líneas que dibujan el contorno. Son trazos sintéticos pero demarcadores que van dando paso al post impresionismo.

En cuanto al París del momento, a la historia de Montmartre y el Moulin de la Galette hay mucho pero mucho por decir. Simplemente menciono aquí, que esta zona en ese entonces era rural; había viñedos, algunos de los cuales persisten al día de hoy. Ya en la época de Vincent aparecen los cabarets y el movimiento de la bohemia. Es increíble ver como en las manzanas que rodean al Moulin de la Galette en la actualidad, se encuentra el Lapin Aguile y un pequeño viñedo. Caminar por sus calles implica vivir toda esta historia al mismo tiempo, entremezclada con la de nuestros días.

Dejando de lado la descripción y los comentarios generales, paso a terminar la entrada con lo que me pregunté mientras observaba el cuadro, ¿en dónde radica su belleza? Y me respondí, “definitivamente en la perspectiva, en el inmenso molino y en el cielo celeste que todo lo abarca, en la claridad. Los humanos parecen mínimos”.

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Algunos links de interés:

http://historiasvangogh.blogspot.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Vincent_van_Gogh

http://www.mnba.org.ar/obras_autor.php?autor=362&opcion=1